Vahema Uncategorized JULIO RAMON RIBEYRO

JULIO RAMON RIBEYRO

JULIO RAMÓN RIBEYRO
maestro incomparable
del cuento peruano,
solemne y soberano
dejo que tu pluma hable.
fumador imparable,
el próximo mes me nivelo
tu le diste consuelo
en la palabra del mudo
escritor limeño que pudo
alumbrar con letras el cielo.
Vahema15 de Junio 2004
Sucre – Bolivia

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EL RUIDO DEL SILENCIOEL RUIDO DEL SILENCIO

EL RUIDO DEL SILENCIO

He puesto a hervir
agua, en la soledad
de mi cuarto, me
acompañan las cosas
inertes, y en los
mensajes del celular
solo veo letras,no
escucho la voz, ni
tampoco veo la imagen.

El ruido del silencio
acaparan mis oidos,
la hipertension es un
enemigo agazapado
solo queda medio metro
para el derrame cerebral.

Suenan los timbres
del mensaje
y las letras caminan
sin saber que decir
es una esperanza
recortada por el dolor.

Los pasos se van
acortando ellos
hablan desde que
nací, y me
sacude el cansancio
el peso imborrable
de los recuerdos,
el amor solemne
a la causa justa

la carcel mojada
el sotano maldito
los juicios sin rostro
todo esto se vive
en mi cuarto
alli estan las
estaciones de la vida
la crueldad del tiempo
la espera silenciosa
las huellas del guerrillero
la emboscada asesina
la verdad de la doctrina
muchos vienen y otros
se van marchando
a ocupar el sueño silencioso
de la historia,
a organizar el peso
del acero.
v a h e m a
20 setiembre 2009

EL SILENCIO DE LAS MONTAÑASEL SILENCIO DE LAS MONTAÑAS

EL SILENCIO DE LAS MONTAÑAS

Como puedo decir
que no la conozco,
si sus ojos de miel
se pasean por una
superficie trabajada
por las manos.

Su mirada rebota
en las montañas verdes.
Y en el silencio de las
montañas quedan grabados
tus ojos.

Y en la semilla de tu tierra
no crece la soledad.

En tu voz, no se acumula
el llanto, no tiene un
horizonte que la limite
es ancha y vasta, a veces
se esconde y se camufla
en el divorcium acuarium
de las palabras.

Tu voz bebe de los ríos,
por eso es intrepida y
la luna alumbra tu voz de río.

Tu rostro tardó mucho tiempo
en aparecer.Estaba
enterrado entre malezas antiguas
y castillos feudales.

Tu rostro, volvió a la vida
y descanso,
en los patios de un convento.

Se limpiaron sus arrugas
cuando volvió a sentir
el fresco olor de los pastizales.

Las montañas verdes
le dieron su crema
y las huellas de tus pasos,
el perfume del silencio.

Sobre la sombra
de tus huellas,
pude distinguir tus zapatos,
habían caminado, volado
y en la estación de la amistad
se quedaron a descansar.

Vahema Santa Maria
domingo 19 abril 2009

CIRO ALEGRIA Y SU SOMBRACIRO ALEGRIA Y SU SOMBRA

Ciro Alegría en los ojos de Dora Varona
Trabajo de investigación se apoya en crónicas del escritor.

La poetisa cubana reedita la biografía del gran escritor, hoy considerada novela.

Carlos Villanes Cairo. Madrid.

Ciro alegría y su sombra.

Portada del texto reeditado por Dora Varona.

Atrapar al ruiseñor dorado de la familia en pleno vuelo es como cazar nubes valiéndose de una red. Empeño comprometido y muy difícil. Las biografías de los grandes, escritas por sus familiares más cercanos son, siempre, una tarea riesgosa, y que invitan al cotejo, la reflexión y la polémica.
En 1993, Dora Varona publicó A la sombra del cóndor. Biografía ilustrada de Ciro Alegría, y hoy nos entrega de nuevo esa señera obra con el título de Ciro Alegría y su sombra (341 pp.), editada por Planeta de Lima, con apenas un subcapítulo suprimido.
Varona, casada desde hace 30 años con Genaro Llanqui Mamani, fue la tercera y última esposa del novelista peruano.
Dora Varona se avocó a desbrozar la obra del novelista. Al morir el autor de El mundo es ancho y ajeno dejó tres novelas y un libro de cuentos. Ahora aparecen en los escaparates 27 libros más, editados por la escritora cubana, espigados de inéditos, recopilaciones, compilaciones, epítomes y antologías de relatos y artículos periodísticos, seleccionados por toda América Latina, y, al parecer, todavía quedan cuatro o cinco más
En el prólogo de Ciro Alegría y su sombra, Dora Varona advierte que su obra no será una «estampita de primera comunión», sino la versión de «la más severa de sus críticos, a la vez que la más rendida admiradora». Y cumple su palabra. Pocas veces un biografiado, frecuentemente calificado por ella como «maestro», «hombre superior» y «genio», resulta tan desnudo ante sus intimidades. Tildado de haragán, sucio, descomedido, mudo con los extraños, «incapaz de aceptar las fórmulas impuestas por la sociedad», tímido y «bloqueado por su inaccesible personalidad serrana», descuidado con su persona y con sus hijos –tuvo seis, cuatro con Varona y dos con Rosalía Amézquita–, y perseguido por crueles enfermedades, traiciones políticas, carcelerías, el infortunio y su pertinaz desidia. Y por mujeres –esposas, amantes y arrejuntadas– que no supieron entenderlo.
Al gran trabajo investigativo de la biógrafa para los años de su niñez y juventud, se suman los centenares de crónicas que Alegría dejó, en las cuales siempre tenía un par de parágrafos y muchas veces más para contar su vida. Como hijo de hacendado, periodista precoz, revolucionario y perseguido político, exiliado y triunfador como novelista fuera de la patria, conferenciante y profesor en Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba, amigo de famosos y testigo de hechos significativos de la política mundial y peruana que lo llevaron al Parlamento nacional.
Planeta del Perú insiste en llamar «novela» a este libro. De ser así, tal vez ganemos a una narradora, pero perderemos a la biógrafa. De estar inoculadas de ficción estas páginas no podrán ser una seria referencia para futuros investigadores y biógrafos de uno de los novelistas mayores del Perú, cuyo primer centenario celebraremos en 2009.